jueves, 30 de enero de 2014

Estatizar el Comercio Exterior

No es mi costumbre reproducir otros artículos, pero en este caso, y ante la situación económica que atraviesa nuestro país debido a la presión de ciertos sectores concentrados de la economía, además de por estar completamente de acuerdo con el mismo; reproduzco un artículo de Atilio Borón al que adhiero completamente sin dejar de lado que harían falta medidas complementarias como las expuestas en este mismo blog con respecto a la soberanía alimentaria y la posición dominante de ciertas empresas en el sector.

 

A continuación transcribo en forma completa el artículo mencionado en el párrafo anterior:

 

La Argentina enfrenta una grave crisis cuyas dos principales manifestaciones son la trepada del dólar –que refleja una peculiar anomalía argentina, porque esa moneda se está devaluando en todo el mundo, incluyendo por supuesto América Latina y el Caribe- y la resultante escalada inflacionaria que la insólita revaluación de la divisa estadounidense produce en la economía argentina. La devaluación del peso y el impulso inflacionario son, en realidad, dos caras de una misma moneda. Pero la gran paradoja es que desplome sufrido por el peso no guarda correspondencia con la situación imperante en la economía real. Esta no tiene la solidez y el dinamismo del período 2003-2008, pero está lejos de verse reflejada en los desquiciantes movimientos que se registran en el tipo de cambio.

Veamos: la producción agropecuaria se mantiene en niveles comparativamente muy elevados, aun cuando la “sojización” de la agricultura plantea numerosos problemas (económicos, sociales y ecológicos) que no podemos examinar aquí; algunas ramas del sector industrial (automóviles, motocicletas, electrónicos diversos, etcétera) marcan nuevos records a pesar de las restricciones para la importación de algunos insumos cruciales; la gran minería prosigue su marcha, más allá de lo ocurrido con Pascua Lama producto de un fallo de la justicia chilena; la explotación de hidrocarburos, estimulada por las perspectivas de Vaca Muerta retoma un ritmo ascendente; los bancos y las entidades financieras registran significativas ganancias y según un reciente estudio de la CEPAL las exportaciones argentinas crecen por encima del promedio regional.

Si esto es así, ¿qué es lo que está ocurriendo? Más allá de abrir una discusión seria sobre “el modelo”, misma que no hicieron los economistas de la oposición adscriptos férreamente al neoliberalismo de los años noventa, ni tampoco los del oficialismo, para quienes lo único que había que hacer era “profundizar” un esquema económico cuyos límites, inconsistencias y deformaciones eran evidentes por lo menos desde el 2010 y acerca de los cuáles más de una vez nos referimos en nuestro blog. Pero más allá de esta necesaria discusión, decíamos, se impone actuar con urgencia sobre la coyuntura cortando de un tajo el nudo gordiano que está asfixiando a la economía argentina con la estampida del dólar y la peligrosa escalada inflacionaria. Para ello el estado deberá recuperar, sin más dilaciones, el control del comercio exterior, fuente insustituible de las divisas que necesita el país.

Es absurdo, y a estas alturas demencial, que cinco o seis grandes oligopolios manejen el grueso de la divisas que ingresan por la vía de las exportaciones agropecuarias. En una economía tan dolarizada como la Argentina, en donde los componentes importados afectan a casi todas, por no decir todas, las actividades económicas del país, dejar que la disponibilidad de dólares quede en manos de un puñado de oligopolios es un acto de soberana insensatez. En Chile, sin ir más lejos, los ingresos de su riqueza principal, el cobre, los controla exclusivamente el estado.

En nuestro país, en cambio, un 80 por ciento de lo producido por las exportaciones cerealeras lo retienen grandes oligopolios transnacionales, y especialmente Cargill y Bunge, seguidos de cerca por Continental y Dreyfus; a su vez un par de grandes empresas controlan los ingresos que producen las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario, principalmente aceite de soja; en la gran minería quienes lo hacen son las transnacionales del sector; y en el área de hidrocarburos (petróleo y gas) las propias empresas, con el agregado ahora de YPF pero sin perder de vista que ésta es una sociedad anónima y no una empresa del estado. Todas estas corporaciones están fuertemente articuladas con la banca extranjera, predominante en la Argentina, y mantienen fluidos contactos con los paraísos fiscales que proliferan sobre todo en el capitalismo desarrollado.

En suma: un puñado de 100 empresas controlan aproximadamente el 80 por ciento del total de las exportaciones de la Argentina, y son ellas las que retienen los dólares que surgen de este comercio y que son requeridos por distintos sectores de la economía nacional.

De lo anterior se infiere una conclusión tan simple como contundente: quien controla la disponibilidad de dólares termina teniendo la capacidad de fijar su precio en el mercado local, especialmente ante un Banco Central debilitado y cuyas reservas cayeron de 52.190 millones de dólares en el 1010 a 28.700 millones de dólares al finalizar enero del 2014. Esta debilidad del BCRA le impide desbaratar las maniobras de la cúpula empresarial más concentrada, fuertemente orientada hacia los mercados internacionales, y para la cual el dólar “recontra alto” (uno de los pilares del menemismo) significa pingües ganancias porque desvaloriza el salario de los trabajadores y les permite alentar la carrera inflacionaria con la seguridad de que su disponibilidad de dólares la sitúa a refugio de cualquier contingencia. En consecuencia, el control de las divisas por parte de ese puñado de grandes oligopolios le permite ser el verdadero autor de las políticas económicas de un país tan dolarizado como la Argentina y, además, extorsionar a cualquier gobierno que no se someta a sus mandatos.

Pueden aterrorizar a la población agitando el fantasma de la hiperinflación, que este país padeció a tan brutal costo en 1989 o el espectro del “corralito” de finales del 2001, y de ese modo desestabilizar a un gobierno que debe jugar partidas simultáneas de ajedrez (en el frente fiscal, tributario, monetario, cambiario, productivo) con enemigos que no sólo procuran derrotarlo en una puja puntual sino sobre todo derrocarlo. Y el gobierno actual comete el error de pensar que con concesiones varias podrá apaciguar el “instinto asesino”, como le llaman admirativamente los ideólogos neoliberales, de esos enormes conglomerados para las cuales la ganancia y el ganar -sobre todo el ganar, como recordaba Marx- es una verdadera religión cuyos preceptos son respetados escrupulosamente. Por ejemplo, el carácter sacrosanto de la propiedad privada y, por extraño que parezca, la convicción de que la lucha de clases es algo tan natural y omnipresente como el aire que respiramos, y libra esa batalla con todas sus fuerzas.

Ante cada concesión de un gobierno satanizado como su enemigo la única respuesta que tiene es la de atacarlo con más ferocidad que antes, exigiendo, como Shylock a Antonio, más y más concesiones: ¡pague la deuda, acuda al CIADI, arregle con el Club de París, abra Vaca Muerta para empresas fugitivas de la justicia como Chevron, deje que la gran minería trabaje sin interferencias!, mientras persiste en su ataque en todos los frentes con el apoyo de la prensa hegemónica que maneja a su antojo. La crisis actual demuestra, de paso, lo ilusoria que fueron aquellas expectativas del kirchnerismo de crear una burguesía nacional, patriótica y solidaria con los intereses de las mayorías. Ya lo había dicho el Che, hace cincuenta años, y la historia le volvió a dar la razón por enésima vez: la burguesía nacional no existe.

Ahora bien: ¿cómo debería producirse la estatización del comercio exterior? Primero, no puede ser una medida aislada porque se necesita un enfoque integral que: (a) abarque a toda la cadena de comercialización del sistema agroalimentario, hoy controlado por las multinacionales, lo que debería rematar en la creación de una Junta Nacional Agroalimentaria, con las salvedades que plantearemos más abajo; (b) aumente las alícuotas impositivas a la gran propiedad rural e implemente un eficaz sistema de control que evite las sobre y sub facturaciones de las cerealeras, hoy cómplices necesarias de la corrida cambiaria; y, finalmente, (c) que re-estatice los puertos del sistema de la Hidrovía Paraná-Paraguay, privatizados en los años noventa y que son las puertas de salida de gran parte de las exportaciones agropecuarias.

Estas medidas deben ser puestas en práctica con la mayor celeridad, porque el ritmo de la crisis no tolera dilaciones. Segundo, se requiere imaginación y experiencia práctica, porque no se trata de resucitar la antigua Junta Nacional de Granos o al Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el IAPI de la época del primer peronismo, porque el capital ha creado nuevos instrumentos financieros (compraventa a futuro, swaps, derivativos, etcétera) y la tecnología importantes innovaciones, (como el silo bolsa, que independiza al productor del riesgo que se le arruine la cosecha) lo que le permite postergar su venta hasta que el precio sea aproxime a sus expectativas, todo lo cual torna más difícil el control del comercio exterior por parte de los gobiernos. De lo anterior se desprende la necesidad de concebir una agencia estatal que regule a la totalidad del sistema agroalimentario del país, desde su origen hasta su comercialización minorista, algo bien diferente a la JNG o el IAPI. Tercero, y decisivo, esto solo será viable si se constituye un gran movimiento popular capaz de construir un instrumento político que respalde esas iniciativas y otras más encaminadas a redefinir por izquierda el rumbo de la economía argentina: la largamente demorada reforma tributaria y la elaboración de una efectiva política antiinflacionaria que resguarde los ingresos de los asalariados, para comenzar.

Una convocatoria popular sin sectarismos ni soberbias burocráticas; sin verticalismos ni verdades establecidas, porque de lo contrario la respuesta de las clases y capas populares será una mezcla de impotencia, miedo paralizante ante la clara percepción del escarmiento que se cierne sobre ellas y, en algunos casos, indiferencia, mezcla que mucho tuvo que ver con el funesto desenlace sufrido por los gobiernos peronistas en 1955 y en 1976. Una decisión tan crucial e impostergable como la estatización del comercio exterior, cualquiera que sea su forma legal y jurídica, es antes que nada un hecho político que no puede ser producido por un decreto o una resolución firmada por un funcionario instalado en las “alturas” del aparato estatal.

Resta ver si el gobierno es consciente de la gravedad de la situación y decide actuar en consecuencia. La experiencia pasada no permite abrigar demasiadas expectativas pero, como tantas veces lo recordaran las Madres de Plaza de Mayo, no hay peor lucha que la que no se libra.

domingo, 19 de enero de 2014

Francisco I. Un análisis después de un tiempo de gestión.



A veces para hacer un juicio de valor hay que dejar transcurrir un cierto tiempo. No solo para poder apreciar la tarea de quien pretendemos analizar, sino para despojarnos de ciertos preconceptos que podemos habernos creado.

Precisamente eso quise hacer con la figura de Francisco I. Con dicha figura cargaba con el preconcepto de que se lo hubiese mencionado como alguien que había mirado hacia otro lado en épocas de la dictadura, o que específicamente no se haya preocupado por sacerdotes de su diócesis para salvarlos de las garras salvajes de ésta. También llevaba como preconcepto su enfrentamiento con Néstor acerca del tema del matrimonio civil igualitario.

Estos temas que hacían a mi preconcepto,  merecen que de alguna forma los aborde desde una óptica lo más libre de subjetivismo que pueda hacer.

 Con respecto al matrimonio civil igualitario, no hay mucho que decir, es lógico que un representante de la iglesia católica esté en contra de esta institución que si bien es un derecho inalienable que se debía la ciudadanía  está reñido contra los preceptos originales del catolicismo.

 Con respecto a su accionar durante la dictadura deberíamos de tener en cuenta el sentido innato de las personas de su instinto de supervivencia. Y en mayor o menor medida ser sinceros y aceptar que todos los que sobrevivimos a ese período fuimos de alguna manera cómplices del mismo ya sea mediante algunos silencios, mediante algunas omisiones. No creo que ninguno de nosotros (los sobrevivientes) hayamos hecho oír de manera constante nuestros cuestionamientos ni los reclamos que deberíamos haber hecho oportunamente. Tuvimos que esperar a ir recomponiéndonos, reagrupándonos y dejar que los errores de aquellos que se creían intocables se fuesen sucediendo para comenzar a hacer oír nuestras voces. Y era lógico, no podíamos hacer otra cosa. Era un suicidio intentar otra cosa en esos momentos, solo quedaba esperar y medianamente en los ámbitos en los que se pudiese tocar soslayadamente el tema.

No conozco que Francisco hubiese alabado el sistema, solo calló y omitió. Me hubiese gustado saber cuántos de los que criticaron ese accionar cuando salió elegido papa, no hicieron lo mismo en ese entonces.

Lo real, hoy después de transcurrido un tiempo en el ejercicio de su papado es que el discurso y algunos de los hechos del Vaticano cambiaron. Cambiaron para bien, para acercar un poco la doctrina de la iglesia al cristianismo de los orígenes. A esa religión (como decía Engels)  de los esclavos y los libertos, de los pobres despojados de todos sus derechos, de los pueblos subyugados o dispersados por Roma.

Hay conceptos vertidos por Francisco que son muy osados para ser expresado por el jefe mundial de la iglesia, desde ya el haber puesto al hombre como centro de todo sistema económico, cuando dijo: "Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que lleva a esta tragedia. Un sistema económico que tiene en el centro un ídolo que se llama dinero. Pero Dios ha querido que en el centro del mundo estén el hombre y la mujer y que lleven adelante el mundo con su trabajo, y no con el dinero". O como cuando proclama como en el documento “La alegría del Evangelio” cuando se refiere a la teoría del derrame que postula que el crecimiento en un contexto de libertad de mercado, provoca espontáneamente mayor equidad e inclusión social: “esta opinión jamás ha sido confirmada por los hechos y ella expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detectan el poder económico y los mecanismos del sistema económico imperante” y continua aseverando:  “el desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de regulación por los Estados, encargados de velar por el bien común…., y a ello se añade una corrupción ramificada y la evasión fiscal”. En este y otros documento hace una crítica despiadada del neoliberalismo y de la globalización económica. Y en especial este último documento le ha valido el tilde desde varios sectores de la sociedad de USA de comunista.

Claro, están los que van a decir que esto es solo una pantalla para que las cosas sigan como están, como para acallar a aquellas críticas que se cernían sobre la iglesia en los últimos tiempos.  Pero, de la misma forma estas personas tendrían que analizar que lo que dice la máxima autoridad de la religión que cuenta con 1.400 millones de feligreses que en mayor o menor grado la asumen como propia, lleva también a crear conciencia sobre un enorme porcentaje de esos feligreses. Y eso no es poca cosa, y eso es despertar conciencia, es crear a futuro una crítica desde el punto de vista de la fe sobre un sistema económico que maneja actualmente una gran parte de la economía mundial.

A esos que lo ven como pantalla para continuar un status quo de las cosas, les digo que de ser así, sería una jugada demasiado arriesgada con un alto porcentaje de probabilidad de volverse en contra.

Por lo pronto se creó conciencia, se envió también un mensaje a los líderes económicos mundiales y esto es un gran avance pese a quien le pese.

Por otro lado se han instalado en el seno de la comunidad católica temas como la anticoncepción, la fertilización, el celibato, el sacerdocio de la mujer, etc que si bien no serán seguramente temas sobre los que se expida el Vaticano en el corto tiempo, han llegado al seno de la iglesia con el fin de debatirlos e incorporarlos gradualmente a la agenda.

Está ahora en los fieles, así como en nuestros países; está en el pueblo en defender lo logrado y en exigir la profundización de lo hasta ahora alcanzado, pero no se puede negar el hecho del acercamiento a los orígenes del cristianismo y del enfrentamiento con el establishment económico. Sea como pantalla o sea como un acercamiento verdadero,  el puntapié inicial está dado. Ahora hay que ver como tratamos la pelota.

lunes, 9 de diciembre de 2013

jueves, 21 de noviembre de 2013

América invertebrada

 

El domingo pasado apareció un artículo en el diario El País de España reproducido por el diario El Comercio del Perú del expresidente del Uruguay Julio María Sanguinetti sobre los intentos de integración de América Latina, el cual transcribo a continuación y que trataré de analizar al final de la transcripción.

 

“Parafraseando a Ortega, bien cabe este título para nuestra América Latina, que cuanto más proclama su integración y más organismos crea, menos parece –de verdad- re vertebrarse. Varias divisiones transversales van creando un entramado confuso de instituciones superpuestas, de orígenes circunstanciales, que no superan los particularismos nacionales.

Empecemos por la Unasur, una construcción política en la que se deja fuera a México y América Central. El ya más que centenario concepto de América Latina se abandonó de un plumazo en nombre de una identidad sudamericana inexistente. ¿Cuál es el valor cultural o político que separa a México de Colombia o Argentina? ¿Es más cercana a esa identidad Surinam, que se ha incorporado a la Unasur? Cuando hablamos de la cultura hispánica, frente a la americana anglosajona en el norte, ¿leemos autores rioplatenses o a Carlos Fuentes o a Octavio Paz? Se invoca su TLC con Estados Unidos, como si no tuvieran esos tratados de liberalización comercial países como Chile y Colombia.

La CELAC fue pensada para integrar a toda la comunidad latinoamericana. Aquí si entran México y todo el Caribe, desde Cuba hasta Barbados. Son 33 países sin identidad cultural clara y que simplemente procuran constituir una especie de OEA, pero sin Estados Unidos.

Viejas estructuras sobreviven al mismo tiempo. La Aladi se imaginó en su época -1960 – como un proyecto amplio de liberalización comercial. Fue construyendo un interesante tejido jurídico hasta que la velocidad del más lento le fue quitando revoluciones.

Por otro lado, desde 1975, el Sela intenta coordinar políticas económicas de 28 países, con resultados académicamente interesantes, pero políticamente irrelevantes.

Por cierto, no pueden olvidarse los intentos regionales. El Mercosur nació en 1991 con un enorme impulso político, emanado de la restauración democrática de la región: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay comenzaron un vigoroso proceso de liberalización comercial, sobre la idea de un regionalismo abierto, que generara una economía de escala para competir internacionalmente. Los primeros ocho años fueron estimulantes, hasta que la inesperada devaluación brasileña de 1999, que desacomodó a los socios, puso en evidencia la asimetría del intento, con un Brasil que es el 75% del PBI regional. Desde entonces, el proceso ha seguido un camino pedregoso. Últimamente, se llegó a suspender de forma temporal a Paraguay, de modo arbitrario e irregular, y de igual modo se incorporó a Venezuela, que es más un obstáculo que un aporte por las características estatales de su comercio y su discurso radical en política exterior. Entre otros conflictos, Brasil ha formulado severos reclamos a Argentina, cuyas importaciones son discrecionalmente manejadas por un solitario zar que dispone que mercadería entra.

Desde 1969 está también la Comunidad Andina, que no integra Chile –nada menos- y que no registra sintonía entre sus miembros. Lo más rescatable de esa región es la Corporación Andina de Fomento, un banco muy dinámico, que ha ampliado su radio de acción, tiene incluso socios extra continentales y financia con eficacia proyectos de desarrollo.

Recientemente, al amparo de nuevas realidades políticas, nos encontramos con el ALBA que, impulsada por Chávez desde Venezuela, ha reunido los gobiernos populistas de Bolivia, Ecuador, Nicaragua, San Vicente, Antigua y Bermuda, además del comunismo monárquico de Cuba, conducido desde 1959 por la familia Castro.

En otro orden y con otro signo, irrumpe con fuerte impacto la Alianza del Pacífico: México, Colombia, el Perú y Chile, y –en vías de incorporarse Costa Rica y Panamá-. Son países que tienen tratados de libre comercio con EEUU y ostentan economías dinámicas. Estos días, durante las sesiones de la Asamblea de Naciones Unidas, sus presidentes reunieron a 250 empresarios, entusiasmados con el impulso de un proyecto que mira hacia el Pacífico, motor de la economía mundial. Esta alianza representa el 33% de la población latinoamericana, el 34% de su PBI, pero el 53% de su exportación, lo que mide su nivel de apertura. Sus acuerdos han merecido cuestionamientos de los países del ALBA, especialmente Ecuador, vecino de todos ellos.

En la distancia, los miembros del Mercosur rumian su preocupación. Brasil es el líder natural del grupo y, pese a su peso específico, no muestra hoy la dinámica económica esperada. Además, da la impresión que no logra disciplinar a Argentina ni armonizar la retórica venezolana.

Populismo o democracia, economías abiertas o cerradas… Después de ocho años de bonanza internacional, con precios elevados de exportación e intereses bajos, persisten ahora los viejos dilemas. A los que ahora le agregamos una nueva y profunda grieta entre Atlántico y Pacífico. ¿El tiempo la cerrará o la irá ahondando?”

 
Si bien coincido con el autor en que hay una brecha entre los países que integran América Latina - brecha que se da en la concepción con que los mismos abordan su política económica – no coincido en la acepción con la que denomina esa brecha, como si la cosa estuviese planteada entre populismo y democracia.
 
Antes que nada quiero subrayar que los países que el tilda como populistas no están reñidos para nada con la democracia, dado que en la generalidad de los casos sus gobernantes fueron elegidos – y en muchos casos por una amplia mayoría de votantes – por sus pueblos. Pareciera ser que para muchas personas el concepto de democracia está ligado con lo que una pequeña minoría iluminada desea para su país. De todo lo que expresan se deduce que son partidarios del voto calificado – ¿calificado por quién? ¿Calificado en base a qué premisas?- y que la voluntad de la mayoría de los habitantes de una nación no cuenta para nada.
 Dicho esto quiero referirme a lo que él tilda de populista. ¿Se puede tildar de populistas medidas que se extienden más allá del tiempo que dure una gestión de gobierno y que alcanzan a la totalidad de la población sin importar el color político de los beneficiarios?  ¿Se pueden tildar de populistas medidas que en la mayoría de los casos son factor de activación de la economía? ¿O lo que las hace populistas para él y para la mayoría de los que emplean este vocablo, es el hecho que vayan dirigidas a los sectores más vulnerables de la sociedad? Claro está es democrático y no es populista para el autor por lo que se desprende de su lectura el repartir despensas con alimentos o materiales de construcción condicionando su entrega a que el partido que los ofrece gane las elecciones (como el caso de México) o entregando una zapatilla antes de la votación y condicionando la entrega de la otra a los resultados de una elección (como sucedió en Argentina en las épocas en que seguramente el autor del artículo diría que había un gobierno democrático en la misma).
 
Por otro lado de esta lectura se puede apreciar que para el autor el mayor grado de impacto de los distintos organismos creados en América Latina está basado en términos de lo logrado en acuerdos comerciales y económicos como lo expresa en su admiración por la Alianza del Pacífico, aunque esos acuerdos comerciales solo tengan en cuenta lo que pueden lograr los agentes de la economía y no los intereses de los países participantes.
Sin embargo, podemos ver una serie de avances muy importantes logrados por varios de los organismos que para él mismo revisten menor importancia, en cuanto a lo que se refiere al respeto de la soberanía económica y política de los países que los componen, en cuanto a la autodeterminación de los pueblos y en cuanto al respeto de las instituciones de los mismos. Un caso importante por poner un ejemplo fue la suspensión de Paraguay del Mercosur por el golpe institucional que produjo un poder sobre otro. Lo mismo sucedió con el apoyo incondicional de la Unasur al presidente del Ecuador ante el intento de derrocamiento del mismo, solo por mencionar algunos.
Creo que este es el marco en el cual se debe avanzar en la unidad latinoamericana, porque en el marco económico podemos ver lo que sucede con la Unión Europea donde los países centrales dominan la escena en detrimento de los otros.
La realidad económica de cada país de América Latina es muy distinta a la del otro y si bien se puede avanzar en algunos acuerdos de cooperación entre los países integrantes es una utopía pensar en una economía en común.
Yo diría que en lugar de hablar de una América Latina invertebrada, hablaría de una América Latina fracturada. Fracturada en el seno de cada sociedad de los países que la componen. Fracturada entre la mayor parte de la oligarquía que la compone y que solo vela por sus intereses personales sin importarle en lo más mínimo lo que le suceda ya no a América Latina sino a su propio país y un pueblo que espera de sus dirigentes poder ascender a niveles de vida más dignos y que apuesta al crecimiento colectivo de su país.
A esto último apuestan la mayoría de los países del Atlántico, falta mucho por hacer pero hacia eso se apunta, ahora habría que ver si los países del Pacífico seguirán la línea por la cual transitan o si se alinearan con los del Atlántico.


viernes, 1 de noviembre de 2013

No Pudieron




No pudieron, no pueden, no podrán;


No tuvieron, no tienen, ni tendrán

tu capacidad.

 

No la practicaron, ni la practican, ni  la practicarán

tu sensibilidad.

 

No conocieron, no conocen, ni conocerán

lo que es un precepto.

 

Abandonaron, abandonan, abandonaran

Sus conceptos.

 

Desconocieron, desconocen, desconocerán

la justicia.

 

Solo supieron, solo saben, solo sabrán

de la codicia.

 

Los sublevó, los subleva, los sublevará

tu lucha por la equidad.

 

Los movió, los mueve y los moverá

sus intereses, su servilidad.

 

No les interesó, no les interesa, no los interesará

la libertad.

 

Les molestó, les molesta, les molestará

tu éxito.

 

Les jodió, les jode, les joderá

tu crédito,

 

con el pueblo claro está

y también con la realidad.

 

Y como si fuera poco, los ofuscó, los ofusca y los ofuscará

tu verdad.

 

En definitiva, no hay aspirina que cure su mal

llamado Cristina, que por siempre en su pueblo vivirá

y ellos del vaivén de la bolsa y de sus herederos  no pasarán.

 

No pudieron, no pueden, no podrán

borrar el cariño de tu pueblo, de tu gente,

que eso les quede claro, jamás sucederá.

 



viernes, 4 de octubre de 2013

Asuncion de Nestor Kirchner a la Presidencia de la Nacion



Hagamos un ejercicio de memoria.... escuchemos sus palabras... repasemos sus actos

martes, 1 de octubre de 2013

Carta Abierta a los argentinos


A menos de un mes de la elección de representantes quiero dirigirme a mis compatriotas a fin de llamarlos a la reflexión, porque de una elección concienzuda depende el futuro de todos nosotros.

Yo sé que de estas elecciones no depende directamente nuestro futuro inmediato, pero también soy consciente que para que el rumbo económico y político que tenemos en este momento no se tuerza necesitamos la mayor adhesión al mismo.

Lo primero que les pido es memoria. Todos sin excepción deberíamos de hacer un ejercicio de analizar como estábamos antes de que llegara Néstor y cómo estamos ahora (y no me refiero solamente a nivel individual, porque seguramente habrá quien estuviese mejor o igual que ahora, sino a nivel general. Que miremos en nuestro entorno, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro barrio y por último nuestro país).

Seguramente llegarán a la conclusión que estamos muchísimo mejor. Con mucho más trabajo, con más acceso de toda la comunidad a bienes que eran impensados para sectores bajos y medios de nuestra sociedad.

Se encontrarán también con un país con un empuje industrializador como el que no ha habido en muchas décadas. Con un avance tecnológico que nos debería llenar de orgullo, dado que en muchas ramas estamos a la altura de los países altamente tecnologizados.

Por otro lado a nivel soberanía y a nivel inserción en el mundo, deberíamos de sentirnos orgullosos de pertenecer a un país que no agacha la cabeza y acepta mansamente las resoluciones de los países centrales y que a la vez no adopta los dobles estándares que los mismos tienen y se los hace saber.

Pero dejemos de lado los aspectos de todo lo logrado en materia económica, en materia de derechos humanos, de política internacional y de inserción en el mundo que todos Uds. podrán encontrar fácilmente haciendo en unos casos ejercicio de la memoria y buscando datos en este blog, en otros blogs, en diarios y revistas, en cualquier página oficial, de organismos afines al gobierno y de los no tan afines al mismo como las del FMI que aseveran como dato real que la clase media pasó de ser el 26% de la población en el 2003 a ser en la actualidad el 54% de la misma y centrémonos en dos de los aspectos que más se le achacan a este gobierno.

El primer aspecto que al igual que el segundo fue hábilmente instalado por la prensa es la corrupción. Corrupción que vale la pena señalar, en el 99% de los casos jamás ha sido comprobada por la justicia e incluso han sido sobreseídos los acusados por falta de mérito.

Y este tema es el que más ha prendido en la gente. Y cabe hacerse la pregunta de porque? Será porque el ser humano es corrupto en su esencia?

Porque en muchos casos la gente que más se queja sobre el tema es la que comete a diario actos de corrupción.

Sin excepción de clases la mayoría de los seres humanos no estamos exentos de cometer actos de corrupción. Es tan corrupto aquel que se vale de los erarios públicos, como los que evaden impuestos, como el jefe de compras de una empresa que pide comisiones para comprar determinado producto, como el que pide una factura por mayor importe del efectivamente abonado para rendir viáticos, como el que  especula con divisas sean estas uno o millones de dólares, como los que no dudan en declarar sus terrenos como baldíos aun cuando sobre los mismos exista una edificación de millones de pesos, como los que se llevan una herramienta de sus lugares de trabajo, como los que trabajan con una productividad menor a la que sus capacidades le permiten hacerlo.

Que es lo que nos molesta entonces? Será que lo que nos molesta es que otros sean corruptos más exitosos y logren mejores resultados económicos que nosotros por sus actos de corrupción?

Traicionar nuestros principios es un acto de corrupción y quisiera saber quién puede ser fiel a ellos en un 100% a lo largo de su vida.

Yo creo que efectivamente el problema es que nos molesta que alguien pueda tener éxito en su gestión y en su vida personal. Nos molesta el éxito ajeno y es por eso que ante la menor denuncia de corrupción sobre quienes tienen éxito ni siquiera nos preocupamos en saber si esas denuncias tienen algún asidero en la realidad.

El segundo de los aspectos es el referido a la soberbia. Se habla alegremente de la soberbia de muchos de los dirigentes de este gobierno y realmente me interesaría saber dónde pueden ver esa soberbia? Estoy absolutamente seguro que este gobierno como ningún otro ha permitido las calumnias, las injurias, las afrentas. Entonces?

Entonces, creo que lo que no soportamos es la verdad. La verdad dicha sin tapujos, sin vueltas. Nos molesta la verdad, sobre todo cuando esa verdad se refiere a nuestros defectos, a nuestras debilidades y a nuestra credibilidad.

Por lo que oigo en la calle muchas personas prefieren la mano dura, el silencio obligado, la adhesión por la fuerza que la verdad.

Por eso los insto a que realmente hagan un ejercicio de memoria y sobre todo de conciencia. A las clases bajas que piensen realmente quien les ha dado una mejora en su nivel de vida, ya sea mediante la creación de miles de puestos de trabajo o mediante políticas de inclusión que no dependen o dependerán de su adhesión o no a  políticas del gobierno en turno. A la clase media a que analicen quien los ha afianzado en la misma o los ha llevado a pertenecer a ella. A la industria que analice cuando ha tenido estos niveles de productividad y de ventas como los logrados actualmente. A la clase alta en general que piense concienzudamente que el que con este gobierno se haya disminuido la brecha entre los más ricos y los más pobres le puede dar un nivel de seguridad y de tranquilidad mayor mientras siguen creciendo pero a un ritmo más armonioso con el conjunto del país.

Porque ya lo dijo la presidenta en la ONU, la desocupación y la marginalidad crean las condiciones para la mano de obra barata para el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Por todo esto insto a todos a hacer un análisis profundo antes de emitir su voto, a dejar de lado la envidia y a aceptar nuestras flaquezas y a construir una Argentina pujante con cada vez mayor capital puesto al servicio de la producción, de la enseñanza, de la tecnología, de la producción agropecuaria, con una creciente demanda de mano de obra y con una mayor equidad para no dejar de sentirnos de ser Orgullosamente Argentinos.

De nosotros depende!